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Pedro Castillo, tan lejos, tan cerca

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Castillo está cerca de convertirse en el próximo presidente del Perú, pero antes, tiene que estar a la altura de la responsabilidad histórica que tiene al frente.

Enfrenta a la candidata con el mayor anti voto, pero esto recién comienza.

Tiene a su favor, haber logrado representar la voz de protesta ante un modelo que, si antes de la pandemia era injusto, ahora es, literalmente criminal.

Pero no todo es anti. Castillo también genera ilusión. Probablemente no la veamos en nuestras redes, ni burbujas, pero el Perú es bastante más grande.

Sin esa esperanza sería imposible romperse el alma para sobrevivir, como lo vienen haciendo, con distinta suerte, millones de peruanos.

En la antigüedad, los reyes y emperadores usaban la religión como una forma de acallar y canalizar la frustración de los oprimidos. Hoy siguen existiendo partidos que se aferran a ello. Pero, afortunadamente, pese a sus múltiples defectos, en el Perú gozamos de aquello llamado democracia. Un concepto la mayor parte del tiempo contradictorio, excepto cuando ponemos nuestro voto en un ánfora.

Esos pocos segundos, que duran lo que tarda un orgasmo, son el único momento en el que todas nuestras voces valen lo mismo. Segundos donde prima lo emocional: ilusión, miedo, cólera, pasión.

La ilusión se alimenta de lo posible y es comprensible. Castillo no tenía planeado llegar a esta instancia. Pero generó algo que en comunicación es clave: empatía. La mayoría de las personas que votan por él (19%, según IEP) lo hacen porque “es como yo”.

Por su lado, Fujimori, en una de sus peores (hasta el momento) estrategias políticas, se ha convertido en la defensora del modelo. Cambio versus continuismo.

A ese nivel, el gran favorito es sin duda Castillo. Por eso, Fujimori intenta cambiar la narrativa y, junto a buena parte de los medios, apunta a instalar pánico frente a quien sería el representante del comunismo.

Según todas las encuestas, a la gran mayoría de peruanos, temas como Venezuela o el comunismo no les importan. Quieren comida, salud, trabajo. Justicia.

En esa línea, todo juega a favor del Pedro Castillo.

Excepto, el propio Pedro Castillo.

A estas alturas del partido matemáticamente hablando, Castillo depende de si mismo. Y es allí donde comienzan los problemas.

La ilusión que genera necesita tener asideros. Una base, una guía, un plan. Porque, así como es una emoción que vitaliza y activa, la desilusión en un contexto de crisis puede ser muy peligrosa.

A poco más de un mes de las elecciones, es inaudito que el profesor Castillo no tenga su propio plan de gobierno. Ha intentado desmarcarse del documento presentado de Cerrón. Entonces ¿dónde está el suyo? ¿Cuál es su estrategia para conducir el país en los próximos años? ¿Cómo va a concretar la justicia y el bienestar que reclama?

¿Y con quién lo va a hacer? Para ser el candidato con mayores opciones de convertirse el próximo presidente, la ausencia de técnicos y especialistas supera ampliamente los límites del suspenso. Linda con la improvisación. Eso, en la crisis sanitaria económica que atravesamos, sí da miedo.

A nivel de equipo técnico, Fujimori le ha dejado la vara súber baja. Ha presentado un equipo de técnicos absolutamente incapaces de generar el menor entusiasmo en los indecisos.  ¿Qué está esperando Castillo? Abusar del misterio puede tener un efecto inverso.

La corrupción, durante crisis como la que atravesamos, indigna y duele más.

En esa línea, competir con alguien con los pasivos de Keiko no debería ser muy difícil.

No sólo por el gobierno de su padre, sino por las investigaciones abiertas que tienen ella y su círculo de confianza, todos con acusaciones fiscales por pertenecer a una organización criminal.

Castillo podría capitalizar ello, pero necesita ser más claro sobre el rol de Vladimir Cerrón, sentenciado por delitos de corrupción. No será fácil, Cerrón es el líder del partido que lo llevó hasta esta instancia y lidera un importante grupo de parlamentarios, entre ellos su hermano, Waldemar, investigado por lavado de activos.

Castillo está cerca de lograrlo, pero parece lejos de romper palitos con la familia Cerrón. Más fácil será rectificarse de sus apasionadas declaraciones en primera vuelta sobre la desactivación del Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la Sunedu y la ATU. No debería ser complicado hacerlo, pero no puede demorarse tanto.

En estas instancias, los errores, tardanzas y dudas serán amplificadas por su rival, quien tiene todo el establishment de su lado. Las dudas sobre su participación en el debate le costarán sin duda y tal ves sea positivo.

La gran distancia que le lleva (o llevaba) a Keiko no es positiva. Castillo necesita hacer política y trabajar en ese sentido, es decir, escuchar, responder preguntas incómodas, tener mensajes claros, participar de los debates, pactar con un parlamento dividido. En suma, estar a la altura del gran desafío que es liderar un país dividido y en una de las peores crisis de la historia.

Castillo depende de sí mismo y el país pende nuevamente de un hilo.

Autor: jeronimo centurion

 

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