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Oportunidad

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En las buenas, pero sobre todo en las malas. Allí se ve el talante de un líder. Alguien que genera admiración, identificación, respeto. Pero, sobre todo, confianza.

A estas alturas, queda muy claro que el presidente Castillo no es un líder nato y menos un líder político. Esto demanda además elocuencia, sangre fría, seguridad y esa empatía estratégica para improvisar y tener la respuesta y la actitud perfecta en el momento exacto.

Esa es la narrativa clásica, pero en un país con la mayoría de sus expresidentes vivos procesados o presos, las formas de hacer política están para reescribirse. Sobre todo si estamos ante el primer jefe de Estado realmente humilde y provinciano. Además, ante el primer gobierno democrático explícitamente de izquierda.

La semana pasada el premier Bellido aplicó una estrategia política interesante y efectiva. Buscó dividir al país al hablar en quechua y chacchar coca en el pleno. La oposición pisó el palito y las provincias, que cuentan con el 65 % de curules en el parlamento inclinaron la balanza a su favor.

Bellido era consiente de que la mayoría de parlamentarios no querían arriesgarse su sueldo ante un choque frontal. Jugó sus cartas y ganó. Esto nos revela que, cuando se tiene una estrategia, es posible ganar. Así se sea un jugador como Bellido, con todos sus pasivos.

El presidente aún goza de un importante respaldo de la población, sobre todo de quienes no viven en Lima. Pero lo está perdiendo y mientras no se esfuerce por ganarse la confianza de la mayoría de peruanos y peruanas su capital político seguirá diluyéndose.

Las acusaciones contra el ministro de trabajo son graves para la ciudadanía. Ya no se trata de sí el ministro Maraví es o no senderista. Pero, así como la narrativa del “peruano como tú” le funcionó en campaña y el hablar en quechua le funcionó a Bellido, las acusaciones contra Maraví son tan claras para la opinión pública que Cerrón y Bellido las han aprovechado para pedir su renuncia antes que el propio presidente. ¿Habrá calculado Cerón que Castillo defendería a Maraví? Y así seguir ganando terreno.

El ego es como una bola de nieve, cuando crece, solo se detiene al momento de estrellarse. Poco le importan a Cerrón las denuncias en su contra, él sigue su juego político en el que las acusaciones por corrupción se han vuelto un lugar común para prácticamente toda la clase política.

En ese contexto al presidente le queda una sola salida. Olvidarse de esas viejas narrativas de la unidad de la izquierda y comenzar (al menos a intentar) construir su propio liderazgo, aprovechando las crisis como oportunidades de cambio. Hay testigos que confirman la acusación de la congresista Chirinos contra Bellido.

Un premier así es inaceptable. Es momento de que sea él, no Cerrón, no el Congreso, no sus aliados. Que sea Castillo quien le baje el dedo a Bellido y arme su gabinete, sin Maraví, claro. El ritmo de la política es peruana es salvajemente veloz y agresivo. Ojalá lo entienda y comienza a asumir el rol que le corresponde.

Escrito por: jeronimo centurion

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