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Lo simbólico

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jeronimo centurion - acto simbolico

La gobernabilidad es un castillo de naipes y el presidente Castillo, a juzgar por su esperado mensaje a la Nación, parece tenerlo más o menos claro.

“Es la primera vez que nuestro país será gobernado por un campesino, una persona que pertenece como muchos de los peruanos a los sectores oprimidos por tantos siglos”

Nos dijo el presidente y ante la contundencia de esa verdad solo corresponde reaccionar con respeto.

Consiente del poder simbólico de su elección en un país tan complejo e injusto como el nuestro en un momento de tanta relevancia histórica como el bicentenario, Castillo fue audaz al empatizar con millones de peruanos y peruanas reflexionando sobre la forma y las consecuencias de la conquista española “con la fundación del virreinato, se establecieron las castas y diferencias que hasta hoy persisten”.

Luego dirigió mensajes a diferentes audiencias intentando un complejo equilibrio.

Se dirigió a la bancada de Perú Libre destacando que “era la primera vez que un partido formado en el interior del país ganaba las elecciones democráticamente”. Le dijo a los inversores temerosos que respetará la propiedad privada y que todo lo que haga se hará dentro del marco legal. Consiente del grave problema que afronta la educación, crisis que la pandemia profundizó, la declaró en emergencia, lo que implica que podrían generarse leyes o incrementos presupuestales. Tampoco dudó al anunciar que debe fortalecerse el Ministerio de Ambiente, para “que sea capaz de poner freno a la degradación ambiental, la deforestación de nuestros bosques”.

Pero también ingresó a terrenos menos claros, como la urgencia de una Asamblea Constituyente. La Constitución y las leyes son medios (hacer del Perú un país más justo, reducir la pobreza, etc.) no un fin en sí mismo. Mucha gente quiere un cambio y este debe ser viable. Este anuncio, en este momento, es por decir lo menos, poco estratégico. No abona a la indispensable, sino reconciliación, al menos al diálogo con la oposición.

Menos claro aún fue el anuncio de que él y su familia no vivirían en Palacio de Gobierno y que este espacio se convertirían en un museo. ¿Dónde vivirá y desde dónde despachará?

Lo simbólico ha pesado mucho más que lo pragmático y lo estratégico. Pero el Perú no cumple 200 años de independencia todos los días ni un profesor de escuela primaria rural se convierte en presidente. Buena suerte y sabiduría al presidente, porque la necesitará. No solo para la elección de su gabinete, sino para intentar gobernar en un país tan golpeado y, a juzgar por la actitud de la mesa directiva del congreso al no dejar entrar al ex presidente Sagasti, aún con la sangre en el ojo.

Escrito por jeronimo centurion

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