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¿Nuevas reglas?

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El debate comenzó. No es la primera vez. La forma y quienes concretaron la Constitución de 1993 no fueron buenas. Y nos quedamos cortos. Pero se le atribuye a esa Carta Magna la pacificación y la recomposición económica del Perú. No soy abogado, pero sí tengo memoria y me queda claro que la privatización de empresas estatales le inyectó millones a una economía destruida durante el gobierno de García.

¿Cuánto tuvo que ver la Constitución de 1993 en ello? Algo. Cuánto habríamos crecido si el dinero hubiese sido bien invertido y no saqueado no lo sabremos.

Pero no sólo fue corrupción. Durante el fujimorismo se dio el golpe más duro de la historia a los partidos políticos. Y no es para celebrarlo. Buena parte de los problemas que enfrentamos como Estado se deben a que carecemos de partidos políticos con un mínimo de credibilidad. Esto se refleja en una profunda desconfianza ante nuestras autoridades. Pero también en un mayor individualismo y apatía ante el bien común. Esto se intensificó después de 1993, lo que no significa que se deba solo a la Constitución. Pero en política no hay casualidades. Que las diferencias entre ricos y pobres se incrementen y que seamos incapaces de elegir a alcaldes, gobernadores, congresistas y presidentes que nos representen no puede ser casual. Si el humano es el único animal que se tropieza con la misma piedra, el peruano debe ser de los pocos que se cae de cara ante la misma roca. Pero hay límites. Y, aunque somos expertos en batir récords, los millones de jóvenes que, con más pasión que ideología, recuperaron la democracia que el establishment aceptó, parecen decirnos que no podemos repetir los mismos errores. No más.

La pregunta es ¿Podemos evitar cometer los mismos errores si seguimos las mismas reglas? Una constitución no es una lámpara mágica capaz de transformarnos. Pero que cada vez más personas se interesen en poner sobre la mesa las reglas de un juego que, desde hace mucho tiempo, venimos jugando muy mal, es sin duda una buena noticia. Un impulso que debe alentarse desde todas las instancias posibles, principalmente desde el flamante gobierno de transición. Sea para defenderla o criticarla. Ninguna discusión más oportuna que está en ese largo camino que debemos aún recorrer para reconstruir la democracia y llegar en mejores condiciones al Bicentenario.

Publicado por: jeronimo centurion

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